Creo que en la tercera o cuarta salida dejé de prestar atención a las modelos para centrarme en la fascinante figura y estilo de Julia Martínez de la revista Telva . Ataviada con un abrigo de zorro gris y negro supervoluminoso,pitillos negros, mocasines con hebilla dorada, el pelo suelto , despeinado-peinado, sin atisbo de maquillaje y mucha, mucha actitud, tomaba apuntes a pluma en una pequeña libreta. A mitad del desfile algunas personas (lo pongo en plural porque en realidad eran dos) comenzaron a aplaudir sin orden ni concierto algunas de las salidas, en la cuarta pasarela mas importante del mundo se aplaude sin conocimiento . Ella cada vez que oía un aplauso dejaba de tomar sus apuntes y escrutaba mi grada como buscando el origen de la extraña admiración, por momentos he pensado que iba a cruzar la pasarela, e interrumpir el desfile para abofetear, sin quitarse el zorro, al espontáneo aplaudidor.

Acompañada por dos niñas de unos quince años, una de ellas disfrazada de Kate Moss, dirigió sus pasos al backstage dónde los guardias de seguridad se abrían paso ante ella como si fuera el mismísimo Moisés en el Mar Negro, o era Rojo?. Caminar detrás de alguien con esa seguridad hace que uno se vuelva pequeñito. Tuve la oportunidad de hablar un momento con ella y de pedirle, de rodillas, que se revolviera el pelo para una foto, a lo que accedió sin pestañear. Su actitud, su manera de vestir, de caminar, de comportarse, de hablar, de pedir por favor que la sacáramos guapa, su manera de contar dónde había comprado el abrigo y sobre todo su fe ciega en el amor la han convertido, a mis ojos, en una heroína sacada de una de esas novelas super mariquitas de Terenci Moix en las que las protagonistas, todas pijas, todas señoras, todas decadentes, convierten sus vidas en únicas.
Siento una absoluta y rendida atracción fatal hacia las mujeres de clase alta que no se quedan en sus casas dedicadas a volver locas a sus empleadas del hogar, mujeres de mas de treinta que han superado obstáculos y que descubren, en una segunda etapa de su vida, que lo único que tienen es una elegancia interior que no tiene nada que ver con las perlas, las pieles perfectas, ni con parir cien veces y recuperar el tipo en dos semanas. Si además de ésto le añades una dosis de mala leche, un punto punk y unas gotas de rock and roll, yo ya caigo rendido a sus pies. Y es que Julia es muy punky.
Ahora que casi todo el mundo se vuelve loco buscando fotos de Anna Dello Russo, de Giovanna Bataglia y de gente del estilo yo vuelvo a mis ojos hacia esta especie de groupie setentera, a esta Eddie Sedwick de los 60's, a esta seudo top model de los 90's, a esta mujer carismática, de mirada profunda que me ha conquistado. Julia Martínez es actitud y moda, podría llevar unos vaqueros y una camiseta y seguiría siendo elegante porque ella es la moda.

No, no es peloteo, no me ha ofrecido llevarle los recados en su trabajo como directora de moda de Telva, ni mucho menos, su trabajo en Telva no me gusta, ya lo sabéis, de hecho me parece una mamarrachada (¿me estoy retractando de mis Telva Tamara Tonta?,¿ me estaré haciendo viejo?, ¿será que lo soy?) pero su figura, su persona, y su forma de ser es mas MODA que toda la pasarela Cibeles junta y que todos esos supuestos diseñadores heridos de muerte industrial y todas esas supuestas modernas que se acicalan de una forma completamente absurda para llegar a un recinto ferial mas absurdo aún en lo único que importa es cuán delgado estás, cuán pitillos son tus jeans, y cuánta gente te va a venir a besar y saludar como si fueras alguien importante, una feria que sólo sirve para ver y ser visto, una feria de negocios inexistentes, una extensión mas de Chueca, Malasaña y Ortega y Gasset, un barrio al fin y al cabo.
Por esto y por todo lo demás Julia Martínez: ¡ Musa!.
